Gestionar el capital humano

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El capital humano es un concepto del área de la economía que trata de analizar y definir uno de los factores de la producción, que no depende exclusivamente de la cantidad, sino que también va a depender de la calidad de este. Por tanto, al referirnos al concepto de capital humano, lo estamos haciendo a algo más que al grupo de personas que compone la organización.

Son las personas las que, con su nivel formativo, competencias y habilidades para desarrollar aquellas funciones que son propias a un puesto de trabajo, serán capaces de variar la eficiencia y los resultados que la empresa vaya a conseguir. En este sentido podemos considerar factores esenciales del proceso productivo al:

  • Capital humano.
  • La capacidad para desarrollar las funciones propias de una empresa.
  • La tecnología empleada.
  • Capital económico del que disponga la organización
  • Sistema de organización y estilo de dirección que se emplee.

Davenport establecería una serie de factores para referirse al capital humano de la organización:

  • Competencias. Aquellas características que posee el individuo y que le permiten afrontar con garantías de éxito la tarea a acometer.
  • Comportamiento. La forma de actuar del individuo al ejecutar las actividades propias del puesto que ocupa.
  • Esfuerzo. La forma de aplicar de manera consciente por parte de la persona, sus recursos físicos, mentales e intelectuales. En este apartado también pueden ser valorados aspectos como la ética y valores empleados por la persona en la ejecución de las funciones de su puesto de trabajo.

Por otra parte, debemos observar el modo en el que Linda Gratton se refería al capital humano. Gratton afirmó que se debían considerar tres esferas a la hora de hacer referencia al capital humano de las organizaciones:

El capital intelectual. Es el factor clave para una empresa. El modo en el que una empresa sea capaza de aprovechar y utilizar el capital intelectual de las personas que la conforman, va a determinar los resultados que esta consiga, tanto en términos económicos como en términos de satisfacción de los usuarios a los que se dirige la actividad.

El capital emocional. Es el que surge de la inteligencia emocional de las personas que forman la organización. Así, de la inteligencia emocional van a depender aspectos como la motivación, el esfuerzo, el establecimiento de redes entre los distingos grupos sociales de la empresa, la perseverancia y el clima laboral entre otros.

El capital social. Es el conjunto de relaciones internas y externas que se producen como consecuencia de la interacción de las personas. La adecuada orientación del capital social será clave para la orientación a la innovación.

Existen dos actividades que tradicionalmente se consideran generadoras de capital humano: la salud y la formación.

Cuando un individuo invierte en educación y/o salud, lo hace esperando desarrollar e incrementar su capital humano. La inversión en educación o incluso en salud, una organización no puede nunca considerarlo como un bien privativo de la persona, dado que toda esta inversión termina por revertir en lo que la persona hace en la empresa en la que trabaja. 

Si un individuo invierte en formación universitaria es esperable que su nivel de desempeño mejore y por tanto, también es esperable que mejoren las rentas personales y sociales.

Es fácil de entender que aquellas organizaciones que apuestan por el desarrollo de las personas, o sea, por el desarrollo de su capital humano están llamadas a ser no solo organizaciones de éxito, sino también organizaciones sostenibles.